Una noche salí con mi novio y sus amigos a un café-bar que ha sido la novedad de los hipsters desde su inauguración hace un par de años. Y digo novedad porque, a raíz de los problemas de narcotráfico en México, mi ciudad se ha envuelto en crímenes que han llevado a la desaparición de la vida nocturna; son pocos los antros que existen, es más, son pocos los negocios que sobreviven, así que, cuando uno realmente les gusta, se aferran a él y tratan de que no muera (a menos que la maña haga que cierren por x o y causas).

Dada la situación, a las 11-12 pm se vacían las calles porque el miedo hace que todos se guarden, no vaya a ser que pase un par de vehículos tirando balas y te toque una. Así que nos dirigimos a casa de mi novio a continuar el «cotorreo».

Apenas llegamos, nos sentamos en la mesa comedor, uno de sus amigos, mi novio y yo; pero mi novio creo que tardó más en sentarse que en volverse a levantar para ir por algo al refrigerador.

En ese justo momento me llegó un olor… digamos que, apestosillo, por lo que se me ocurrió que mi novio podía haberse echado un gas, y, sintiéndome en confianza le dije «Amor, ¿por qué te estás pedorreando?» y me contestó «yo no fui» y no pude evitar reír porque, si no había sido él y no había sido yo, era lógico que había sido su amigo.

Supongo que él pensó lo mismo porque no le quedó de otra más que decir «fui yo, perdón, es que ando malo del estómago» jajaja, creo que la explicación estuvo de más, pues era obvio que ya sabía que había sido él.

Me pareció gracioso, puesto que mi novio es muy cuidadoso en ese aspecto, o sea, somos humanos y los dos sabemos que hacemos popó y pipí y nos echamos pedos blablabla, pero tratamos de que el otro no los huela, nos salimos del cuarto o qué sé yo… Tanto esfuerzo de mi novio para que no huela sus gases y me toca oler los de otro cabrón.

Cada que recuerdo esto me da mucha risa. Aunque debo confesar que si su amigo me cayera mal, probablemente no me hubiera parecido chistoso.